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PASTORAL DE LA SALUD ACOMPAÑANDO A LOS MAYORES EN VITALIA

El pasado martes 30 de junio el ministerio de Pastoral de la Salud finalizábamos con la Eucaristía nuestro acompañamiento un año más a los mayores en la Residencia de Mayores Vitalia de nuestro barrio del Buen Pastor.

Durante todo el año, María, Carmen, Merche, el Padre Eugenio y Antonio cuando podía acompañarnos con su guitarra hemos visitado y celebrado la Palabra o la Eucaristía con los mayores en Vitalia.

Cada semana les hemos acercado la Palabra desde el Evangelio del domingo correspondiente y la presencia del Señor en la comunión y con la Eucaristía una vez al mes. Celebraciones muy vivas y compartidas en las que hemos orado, cantado juntos y compartido en las peticiones y acción de gracias, la vida de los mayores del centro.

Una celebración muy especial que queremos recordar es cuando en el mes de mayo, por la Pascua del enfermo, celebramos el sacramento de la Unción. Fue una Eucaristía muy emotiva en la que se hacía presente Jesucristo acompañando en la enfermedad y en la ancianidad. Después de escuchar la Palabra y con algún canto de fondo como “Ven a sanarme”, recibía cada mayor el sacramento de la Unción de Enfermos y se sentían llenos de la presencia de Jesús que los acompaña en sus vidas.

Ahora descansaremos en el verano, pero al comienzo de curso volveremos desde la Pastoral de la Salud a acompañar a nuestros hermanos mayores en Vitalia llevándoles a Jesús, su Palabra y su presencia que les anima y fortalece cada día.

Eugenio Diaz Melero (Vicario parroquial)

Pastoral de la Salud

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CELEBRACIÓN DEL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN EN LA PARROQUIA

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y dicho esto, les dijo: «Recibid el Espíritu Santo».» (Jn 20, 21-22)

Llevo algún tiempo pensando que Pentecostés se prolonga algunas semanitas más en el calendario, como si de un «mini Tiempo del Espíritu» se tratara.  Y es que parece difícil contener en un solo fin de semana tanta vida, tanta alegría, tanta celebración comunitaria… Pero el pasado jueves 18 de junio, este tiempo tan festivo se ha rubricado con la celebración del Sacramento de la Confirmación, algo que no sucedía desde hace dos años.

Después de un curso de catequesis, impartida por Eugenio Díaz, vicario parroquial, Mari Carmen Sánchez y una servidora, veinte jóvenes y adultos de la parroquia y otro más de la parroquia de Nuestra Señora de la Oliva, recibieron el sacramento de manos de nuestro administrador apostólico, Don Ramón Valdivia. Sabias y entrañables fueron las palabras de Don Ramón; palabras que invitaban al fortalecimiento de la fe, la confianza plena en el Señor o la necesidad de ser cada vez más conscientes de cuánto lo necesitamos:

«El Señor viene a decirnos que no es verdad que no tengamos remedio porque Él es el remedio…y la medicina es la paz que nos trae el Resucitado, anunciando que la injusticia y el caos se convierten en un orden: el del Amor de Dios que lo restaura todo. La paz con la que las piezas del puzle de todo lo que no entendíamos, empiezan a encajar…

El Señor nos ha elegido y nos ha llamado por nuestro nombre. Nos hemos levantado al oírlo con ese gesto bíblico de disponibilidad…Él nos llama y nos envía con una misión delante de todos, la de manifestar que somos otros cristos en medio del mundo. Con la misma fuerza del Amor de Dios que recibió Jesús en el Jordán…un amor que dinamiza, que cambia la Historia; un amor paciente, como el del Buen Pastor…»

A la belleza de la celebración se sumó la alegría del compartir de después. Un compartir exultante (bastaba con ver las caras de los recién confirmados) y un compartir generoso, que contó con las aportaciones de toda la comunidad parroquial. Un compartir de servicio con mayúsculas, comenzando por nuestro párroco Silvio Bueno y continuando con el equipo de voluntarias que, con esa disponibilidad que las caracteriza, cocinaron para todos y sirvieron las mesas.

Estuvimos de fiesta, fiesta grande (como decía aquella canción). Y es que Grande es el Señor, que se quedó con nosotros. Y su Espíritu, que siempre nos visita cuando lo invocamos con fe.

Susana Melero

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PENTECOSTÉS: LLAMADOS A SER COMUNIDAD

El pasado domingo, como cierre de la Semana de la Parroquia, celebramos la fiesta de Pentecostés, la fiesta del Espíritu, en la que el Señor se marcha de la presencia física de los suyos, les promete que no los dejará solos y que podrán hablar por el mundo entero del Reino de Dios. Nosotros como miembros de la Parroquia de El Buen Pastor estamos llamados a testimoniar su Amor en nuestra barriada, en nuestra ciudad, en nuestra Diócesis, pero siempre con la perspectiva de la comunidad que ora, celebra, se compromete y convive fraternalmente, cada cual con sus dones.

Por eso, tras la Celebración de la Eucaristía, pudimos reunirnos, con el reclamo de la paella de Maite y las diferentes aportaciones de las comunidades, ministerios y grupos de la Parroquia, celebramos esta Fiesta del nacimiento de la Iglesia. Además, tuvimos concursos, sorteos y algunos, incluso, se animaron a bailar, al tiempo que se mantenían abiertos los mercadillos de costura y del Contenedor.

Gracias a todos por vuestra generosa aportación, por vuestra presencia, por la paciencia y, en general, por poder vivir ese día como una auténtica fiesta.

José Luis Sacaluga Rabello.

Director de Cáritas Buen Pastor

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ORACIÓN ECUMÉNICA DE PENTECOSTÉS ¡VEN, ESPÍRITU SANTO!

Empezando a caer la tarde del viernes 22 de mayo, nos reunimos en nuestra Catedral de El Buen Pastor los miembros de la Parroquia junto con los de la Parroquia de Nuestra Señora de Lourdes de Cádiz y de la Iglesia Evangélica de El Buen Pastor, también en San Fernando.

En esta ocasión, juntos hemos invocado al Espíritu Santo a las puertas de la fiesta de Pentecostés, pasados casi cincuenta días de la celebración gozosa de la victoria de Cristo sobre la muerte.

Y es que el Espíritu Santo, como predicó el Padre Juan Martín Baro, es un gran desconocido para la comunidad cristiana, al ser una realidad no visible, que, como el viento, se siente, pero no se ve. De su mano hicimos un recorrido por el significado de esta fiesta de Pentecostés para el pueblo judío en contraposición a su significado para los cristianos, habiendo pasado de ser una fiesta con un sentido primario, ligado a la naturaleza y a la presentación de los primeros dones a Dios, a ser una celebración del hecho de la entrega de la Ley a Moisés, a ser la entrega del Espíritu del mismo Cristo muerto y resucitado.

También hizo alusión a la variedad de símbolos que usamos para referirnos al Espíritu Santo: El fuego, el agua, la paloma o el viento.

Y como en una continuación de esas palabras, el Padre Silvio Miguel Bueno, ahondando en que en el fondo el Espíritu es Dios mismo, transmitió el hecho de que Dios abrió su costado, entregó su aliento, atravesó un muro para darnos su vida.

Esta fiesta de Pentecostés la podemos celebrar como el comienzo real de la Iglesia, porque dejamos de ser gente que tiene una enseñanza y pasamos a, por el Espíritu, incluso en nuestras debilidades y errores, por muy distintos que seamos, una comunidad que se entiende y camina junta.

Ese aliento de Dios, el mismo que a través de la palabra dio la vida, casi inconscientemente, entra en nosotros, que dejamos que algo externo a nuestro organismo se funda con nosotros por algo tan cotidiano como respirar.

Animándonos a dejarnos invadir por ese Espíritu, que siempre nos ha de llevar a amar, a abrir nuestro corazón a Dios, terminamos cantando un canto de envío, porque… sois la sal que puede dar sabor a la vida… sois la luz que tiene que alumbrar… llevar a Dios

A continuación, pasamos al salón parroquial a compartir lo que los asistentes aportaron en un rato de convivencia todos juntos.

Deseamos que el Pastor José Eugenio Burguillo Martín, se recupere lo antes posible, para poder compartir juntos en nuestro próximo encuentro.

María del Pilar Cano Révora

Directora del Coro de la Parroquia de El Buen Pastor

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PRIMERAS COMUNIONES EN EL BUEN PASTOR

«Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre, y el pan que yo le voy a dar es mi carne por la vida del mundo». (Jn 6, 51).

Este fin de semana hemos tenido las celebraciones de las primeras comuniones en nuestra parroquia del Buen Pastor. Después de tres años de catequesis parroquial, en la que hemos iniciado a los niños en la vida cristiana y en la comunidad, se han acercado a recibir el sacramento de la comunión por primera vez.

Detrás está el trabajo pastoral de los catequistas, “artesanos del encuentro”, que se han desvivido por llevar la Palabra de Dios a estos niños y a sus familias, la del propio párroco como primer catequista de la comunidad, el coro que han estado animando y rezando con sus canciones en todas las celebraciones, el de   toda la parroquia que como comunidad parroquial han celebrado los domingos y momentos litúrgicos con ellos y el de los padres y familiares de estos niños. A todos ellos queremos dar las gracias por su aportación, su pequeña gran contribución para que esto haya sido posible

 La Eucaristía es el centro de la vida cristiana y la plenitud de la iniciación cristiana. Recibir la Primera Comunión significa entrar en la vida cristiana adulta, participar como cristianos maduros y responsables en la vida de la Iglesia. Simboliza la unión con Cristo, la renovación de promesas bautismales y la madurez espiritual.

La familia es la primera responsable de enseñar a rezar y practicar la fe. La catequesis parroquial es sólo una ayuda, aunque necesaria.

La Catequesis de Infancia es un proyecto de despertar y crecimiento del niño a la fe y a la vida cristiana. Nuestro proyecto surge de la necesidad de renovar la Evangelización, de arraigar la fe: “Que el niño tenga experiencia de Dios”.

Dios se revela a través de los Sacramentos. La catequesis va dirigida a iniciar al niño en EL ENCUENTRO CON DIOS EN LOS SACRAMENTOS, EN LA ORACIÓN Y EN LA LITURGIA. es importante conocer, orar, celebrar y vivir.

Que no decaiga el esfuerzo por que las primeras comuniones ofrezcan todo lo mejor para hacer posible el encuentro entre el Señor y tantos niños. Que sea un camino de iniciación en la continuidad y el cuidado de su fe.

“Dejad que los niños se acerquen a mí. No se lo impidáis” (Mc 10, 13).

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CONFIRMACIONES EN EL CENTRO DE FORMACIÓN DE TROPA Nº2, DE CAMPOSOTO: “SI NO QUIERES SUFRIR, NO AMES, PERO SI NO AMAS… ¿PARA QUÉ QUIERES VIVIR?”

Por tercera vez, los miembros del ministerio musical de nuestra Parroquia han tenido la oportunidad de acompañar a los alumnos del Centro de Formación de Tropa N°2, en Camposoto, al recibir el Sacramento de la Confirmación… y nuestro asombro no para de crecer. Si en las ocasiones anteriores fueron entre cuarenta y cien jóvenes los que recibieron el sacramento, el pasado día 15 de abril el número rondó los doscientos. Se habla de números, pero detrás de cada uno de esos nombres, hay una historia que los ha llevado a acercarse a Cristo, a decirle SI, a dar ese paso de madurez en la fe.

En una celebración cuidada, en la que volvió a participar, multiplicando sus labores el Cabo Primero D. Francisco Polo, fuimos testigos de la implicación de la Iglesia, con la participación del Vicario Episcopal del Ejército de Tierra D. Miguel Ángel García Arteaga, junto con otros sacerdotes que quisieron asistir, entre ellos, el Párroco de nuestra vecina Parroquia de la Oliva.

Una vez más, Monseñor Juan Antonio Aznárez, arzobispo Castrense de España, al que volvemos a agradecer sus palabras para el coro durante toda la celebración, animó a estos jóvenes y, por qué no decirlo, a todos los presentes, a la santidad. Una santidad entendida desde el Amor de Cristo y a Cristo. Un amor que, inevitablemente, debe pasar por el sufrimiento y el dolor, ya que, haciendo uso de las palabras de San Agustín de Hipona, “si no quieres sufrir, no ames, pero si no amas… ¿para qué quieres vivir?”

Ante el cirio pascual que ardía frente a nosotros en la celebración, que, como recordatorio de Cristo Resucitado, fue testigo de la recepción del Sacramento del Bautismo por parte de seis de aquellos jóvenes, pusimos a nuestra Comunidad Parroquial, y, especialmente, a los miembros de nuestro ministerio que, amando y sufriendo, no pudieron acompañarnos.

Gracias nuevamente a todos los miembros del acuartelamiento, especialmente al coronel director D. Manuel Cervera de los Ríos,por sus atenciones durante nuestra estancia en el mismo, haciéndonos sentir, cada vez más, como en casa.

Y al Páter D. Javier García Martínez, gracias por confiarnos otra vez el acompañamiento musical de la celebración y por dejarnos usar la preciosa capilla del acuartelamiento para ensayar… hay que decirlo… ¡¡no veas cómo suena de bien esa capilla!!

Gracias, Padre, porque das de lo tuyo a los sencillos, porque das solo a ellos tu verdad. Porque quieres en tu Reino gente con ojos de niño, que se asombre de la Gracia que acaricia con tu Espíritu. Lo pequeño, lo olvidado, lo robado, lo escondido… porque quieres en tu Reino gente de corazón limpio. (Gracias Padre, de Susana Melero)

Ojalá nosotros y todos estos jóvenes tengamos el corazón dispuesto a recibir la Verdad de Cristo.

María del Pilar Cano Révora

Directora del Coro de la Parroquia de El Buen Pastor

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“EL BUEN PASTOR”, UNA PARROQUIA ABIERTA Y ACOGEDORA – TESTIMONIO DEL PADRE EUGENIO DIAZ MELERO

Hola, me llamo Eugenio y desde principio de curso me he incorporado como sacerdote a la parroquia del “Buen Pastor”. No se puede decir que sea nuevo en esto de acompañar la fe y la vida en una comunidad parroquial, llevo treinta años de cura. No voy a cansaros con un currículum de las parroquias que he acompañado desde que fui ordenado en el año 1995, pero sí que quiero referirme a mi labor pastoral antes de incorporarme a nuestra parroquia.

Los últimos cinco años los he dedicado a acompañar a nivel nacional a los responsables de la Juventud Obrera Cristiana (JOC) movimiento juvenil al que acompaño como Consiliario desde el inicio de mi ministerio sacerdotal. Ha sido una labor que he complementado con la ayuda en la parroquia de Santa Ana de Cádiz. Acompañar en la fe y en la vida a un movimiento juvenil y a sus responsables me ha dado la posibilidad de conocer la pluralidad de la Iglesia, pues en ese acompañamiento he podido acompañar a la JOC en diversas diócesis y he podido tener también momentos de encuentro con diversos movimientos laicales de nuestra Iglesia.

Cuando se acercaba ya el final de esta experiencia pastoral tuve la oportunidad de hablar con Silvio y entre los dos vimos la posibilidad de formar un equipo sacerdotal en la parroquia, Silvio (Sagrado Corazón) y yo (Cura diocesano). Este proyecto nos podía ayudar tanto personalmente como pastoralmente.  Personalmente nos posibilita crecer en vivir nuestra vocación y misión, cosa que hemos concretado en vivir en comunidad, orar en comunidad y formarnos en comunidad enriqueciéndonos mutuamente desde nuestra propia vocación y carisma. Pastoralmente también está siendo una riqueza acompañar la vida comunitaria en nuestra parroquia del “Buen Pastor”.

Desde “Misioneros desde aquí” me piden que os comparta cómo me siento en esta nueva experiencia pastoral en la parroquia. Lo primero que os puedo decir es que me he encontrado una parroquia abierta y acogedora. Desde que llegué me habéis hecho sentir uno más en la parroquia, he podido conocer cada comunidad y cada ministerio de la parroquia y en cada uno de ellos he podido comprobar con que alegría, compromiso y entrega vivís vuestra fe en la parroquia.

Como suele hacer alguien cuando llega nuevo a un sitio es presentarse y conocer, en estos primeros meses es precisamente lo que he ido haciendo, pasando por cada comunidad y comprobando cómo la gran mayoría de los miembros de cada comunidad participan en algún ministerio de la parroquia, siendo así por un lado la manera de vivir y compartir la fe en comunidad como la manera de transmitir esa fe para que otros miembros de la parroquia puedan participar de ella. Después de conocer cada ministerio me he ido incorporando a algunos de ellos, por un lado, para compartir la vivencia de ese ministerio y también para acompañar a quiénes forman parte del mismo. En concreto me he incorporado a “Cáritas parroquial” y sobre todo a su proyecto de “Juego de Niños”, al “coro parroquial” en el que animamos la misa del domingo y oramos juntos desde la palabra y el canto, a “Pastoral de la Salud” en el grupo de formación de mayores y en la visita y acompañamiento a la residencia de mayores de “Vitalia” y a personas mayores que vistamos en sus casas, y me he incorporado también al ministerio de la “catequesis” ayudando en la preparación de la confirmación de jóvenes y adultos. Toda esta vivencia de las comunidades de la parroquia y de los diversos ministerios la compartimos cada domingo en la celebración de la eucaristía en la que compartimos la Palabra y nos alimentamos de la vida que Jesús nos transmite cuando lo recibimos en la comunión.

Toda esta vivencia me lleva a dar gracias a Dios por poder venir a compartir vida y fe con vosotros en la parroquia y también daros las gracias a toda la comunidad parroquial por la acogida que me habéis dado porque desde el comienzo me he sentido uno más de vosotros.

Pbro Eugenio Díaz

Vicario parroquial

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¿DÓNDE ESTÁ, MUERTE, ¿TU VICTORIA?

Es San Pablo quien se lo pregunta. en una de sus Cartas a los Corintios. Si Jesús venció a la muerte, ésta quedó destruida. Si nosotros vivimos resucitados, habiendo destruido el sepulcro del pecado, también habremos vencido a la muerte, y podremos cantar: “¿dónde está, muerte, tu victoria?”.

El sepulcro de Jesús, que estaba lleno de muerte, está ya, colmado de Resurrección. Si nosotros dejamos el sepulcro del pecado, estaremos, igualmente, llenos de resurrección.

Resucitar no es volver a la vida; es, más bien, volver a la amistad con Dios, destruido el pecado, que nos amordaza. Es volver a la Vida, con mayúscula. Es saber que nuestro sepulcro está vacío, como el de Jesús.

¿Dónde está la muerte, que ha sido vencida?, se pregunta Pablo. Y la respuesta dice, que “está muerta”.

Y cuando llegue la otra muerte, la que nos arrebata de este mundo, y nos deja junto al Dios viviente, habremos conseguido el destino final, el sueño de Dios para los que creó a su imagen y semejanza. Y será, para siempre, la Resurrección.

Jesús muere en la cruz, matando a la muerte, con su muerte y su resurrección. Ya no hay esclavos ni libres; todos son resucitados con el Resucitado. San Pablo habla del Resucitado, que ya no es el muerto en la cruz, (“en tus manos encomiendo mi espíritu”), sino el liberado del sepulcro por su Padre… y nuestro Padre. El mismo que resucitó a Jesús de entre los muertos, nos resucita a nosotros con su amor misericordioso. Dios al crearnos, pero Padre al resucitarnos de la muerte. La muerte en la cruz del Hijo de Dios (Dios y hombre), destruyó, para siempre, la muerte y su hipotético dominio. Resucitar, es dar muerte a la muerte, impedir su victoria.

Demos gracias a Dios, en este nuevo año de resurrección, y gritemos al mundo, por los cuatro puntos cardinales, que la muerte ha sido vencida por el que es la Vida en plenitud.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

Félix González ss.cc

Os dejamos imágenes de la Celebración de la Vigilia Pascual

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