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¿Quienes somos?

Los Sagrados Corazones somos una congregación religiosa apostólica fundada por Enriqueta Aymer y Pedro Coudrin, y está formada por religiosas, religiosos y laicos con un mismo carisma y una misión: Contemplar, Vivir y Anunciar el Amor de Dios. Se fundó en Poitiers en 1800 y en España las religiosas SS.CC. estamos presentes desde 1881.

Desde nuestros inicios nos sentimos invitados a colaborar en la construcción de un mundo más justo y más humano, desde el cuidado de la persona y la transformación del corazón humano.

Mediante la Eucaristía nos unimos a Jesús, participando de sus actitudes y sentimientos, nos sentimos especialmente encomendados a interceder por nuestro mundo desde la adoración y vivimos en comunidad, relacionándonos con sencillez y con espíritu de familia.

Nuestros fundadores

Enriqueta Aymer (1767 – 1834) “La Buena Madre”     

Fundadora de la Congregación junto con Pedro Coudrin. De familia noble, de la alta sociedad, arriesgó su posición y su fortuna protegiendo en su casa a sacerdotes perseguidos. Delatada, fue llevada a la cárcel, donde su vida cambió para siempre desde una fuerte experiencia de entrega a Dios. Tras salir de prisión, fue descubriendo en la adoración ante el Santísimo su llamada a entregarse por entero a Dios y a los demás. Desde la escucha activa a Dios y a la realidad, entregándose radicalmente y a pesar de las dificultades, da origen junto al Buen Padre en la Navidad de 1800 a la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, donde contempla, vive y anuncia el Evangelio de Jesús concretándolo en su vida de oración, de entrega a las hermanas y de servicio a los más necesitados.

Pedro Coudrin (1768-1837) “El Buen Padre”              

Es el fundador de los Sagrados Corazones junto con la Buena Madre. La situación de Francia a finales del siglo XVIII hizo que tuviera que refugiarse y esconderse en un pequeño granero en el que estuvo cinco meses. Después de ese tiempo de fuertes experiencias, llamado por Dios decide salir y arriesgar su vida para poder seguir entregándola a otros como sacerdote, con la idea en el corazón de una congregación que se haría realidad más tarde cuando conozca a la Buena Madre. Esa pasión por la misión (celo apostólico) le acompañará toda su vida, junto con una unión fuerte a la Iglesia, para la cual trabajó siempre en busca de que siguiera las llamadas del mundo y de Dios.

Los padres fundadores de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María son Enriqueta Aymer (Poitiers, 11/08/1767) y José María Coudrín (Coussay les Bois, 1/03/1768). Durante los primeros años de su vida viven en una Francia que sufre profundos cambios, en la que persiguen a los sacerdotes y religiosos.

El Buen Padre fue ordenado sacerdote de manera clandestina en París, y la Buena Madre es encarcelada casi durante un año por dar cobijo a sacerdotes afines al Papa. Después de un recorrido de lucha y superación compartiendo un sueño común, la noche del 24 de diciembre de 1800, durante la eucaristía celebrada en La Grand’ Maison de Poitiers (Francia), pronuncian esta fórmula de consagración a Dios. Así nace esta obra, una congregación de hermanos y hermanas misioneros que llevarán el Evangelio a todas partes.

“Contemplar, vivir y anunciar el amor de Dios encarnado en Jesús”

El carisma de los Sagrados Corazones se ha formulado en esta frase que condensa lo mejor de nuestra espiritualidad y que es por sí misma un reto para todo religioso y religiosa de nuestra Congregación, pues expresa lo que por vocación están llamados a vivir.

El fundamento de nuestro Instituto, en palabras de Buen Padre, es “la Consagración a los Sagrados Corazones de Jesús y de María” que le otorga una dimensión especial a nuestra vocación particular en la Iglesia. Ella envuelve dos aspectos: la fe en el amor personal, tierno e incondicional de Dios por nosotros y la forma bondadosa con que él guía nuestras vidas y la figura de María como compañía a lo largo del camino, por su fe, su silencio y su entrega de todo corazón.

Además, la vida de Jesús es el principio determinante de nuestra misión e inspiración en nuestras vidas. Nadie puede agotar la riqueza y plenitud de Cristo. Vivimos con celo para proclamar la buena noticia del Amor de Dios, especialmente a los pobres. De ese amor fluye nuestra preocupación por las personas, en especial por los débiles y los oprimidos. Este celo, que brota del amor que Jesús nos tiene, nos libera para responder a las necesidades de la Iglesia y del mundo.

Para los hermanos y hermanas de los Sagrados Corazones la centralidad de la Eucaristía en la comunidad es fundamental. Y la Adoración Reparadora se presenta como una actitud permanente y como forma específica de oración que prolonga la celebración de la Eucaristía en nuestras vidas.

Tal y como fuimos fundados, somos una única Congregación de hermanos y hermanas. Una realidad significativa y permanente que da identidad a nuestro Instituto. Los hombres y mujeres que se incorporan a la Congregación desde siempre estuvieron dedicados a la misma misión apostólica y así sigue siendo en la actualidad.

Religiosos SS.CC

San Damián de Molokai (1840-1889)    

Es sin duda la persona más conocida dentro de los Sagrados Corazones, un modelo que inspira a muchos. Un joven belga del siglo XIX que decide entrar en la congregación de los Sagrados Corazones siguiendo los pasos de su hermano. Su espíritu misionero le impulsa a los 23 a presentarse como voluntario para ir a las misiones de Hawaii, y después de varios años allí decide dar un paso más atendiendo a las fuertes necesidades del mundo; los leprosos de Molokai le esperaban: mucho trabajo, mucha desesperanza, mucha soledad. Pero él se agarró a Dios, de la Eucaristía sacó la fuerza y el alimento para entregarse e hizo de su vida una imitación de su Maestro y Señor, haciendo suya la enfermedad contra la que combatía y muriendo con y por los que había elegido vivir

Beato Eustaquio van Lieshout (1890-1943)

Holandés, alegre, sociable y procedente de una familia acomodada de campesinos. Aunque tenían otros planes para él, pronto quiso ser sacerdote, por lo que, a pesar de sus dificultades, realizó los estudios de secundaria. Durante este tiempo conoció la vida del Padre Damián y quiso entrar en la Congregación. Con 35 años fue enviado a Brasil, donde durante 18 años se entregó atendiendo a la gente, tanto física como espiritualmente; cuidó de las familias, de los niños, y especialmente se dedicó a los pobres y a los enfermos. En sus últimos diez años de vida comenzó a extenderse por todo el país su fama por el don de curación; don que llegó a movilizar a miles de personas que diariamente acudían a él y que hoy permanece con fervor dentro del pueblo brasileño.

Hermanos

“Hago voto de castidad, de pobreza y de obediencia, según las luces del Espíritu Santo para el bien de la Obra, como celador del Amor de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, en cuyo servicio quiero vivir y morir”

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