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CELEBRACIÓN DEL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN EN LA PARROQUIA

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y dicho esto, les dijo: «Recibid el Espíritu Santo».» (Jn 20, 21-22)

Llevo algún tiempo pensando que Pentecostés se prolonga algunas semanitas más en el calendario, como si de un «mini Tiempo del Espíritu» se tratara.  Y es que parece difícil contener en un solo fin de semana tanta vida, tanta alegría, tanta celebración comunitaria… Pero el pasado jueves 18 de junio, este tiempo tan festivo se ha rubricado con la celebración del Sacramento de la Confirmación, algo que no sucedía desde hace dos años.

Después de un curso de catequesis, impartida por Eugenio Díaz, vicario parroquial, Mari Carmen Sánchez y una servidora, veinte jóvenes y adultos de la parroquia y otro más de la parroquia de Nuestra Señora de la Oliva, recibieron el sacramento de manos de nuestro administrador apostólico, Don Ramón Valdivia. Sabias y entrañables fueron las palabras de Don Ramón; palabras que invitaban al fortalecimiento de la fe, la confianza plena en el Señor o la necesidad de ser cada vez más conscientes de cuánto lo necesitamos:

«El Señor viene a decirnos que no es verdad que no tengamos remedio porque Él es el remedio…y la medicina es la paz que nos trae el Resucitado, anunciando que la injusticia y el caos se convierten en un orden: el del Amor de Dios que lo restaura todo. La paz con la que las piezas del puzle de todo lo que no entendíamos, empiezan a encajar…

El Señor nos ha elegido y nos ha llamado por nuestro nombre. Nos hemos levantado al oírlo con ese gesto bíblico de disponibilidad…Él nos llama y nos envía con una misión delante de todos, la de manifestar que somos otros cristos en medio del mundo. Con la misma fuerza del Amor de Dios que recibió Jesús en el Jordán…un amor que dinamiza, que cambia la Historia; un amor paciente, como el del Buen Pastor…»

A la belleza de la celebración se sumó la alegría del compartir de después. Un compartir exultante (bastaba con ver las caras de los recién confirmados) y un compartir generoso, que contó con las aportaciones de toda la comunidad parroquial. Un compartir de servicio con mayúsculas, comenzando por nuestro párroco Silvio Bueno y continuando con el equipo de voluntarias que, con esa disponibilidad que las caracteriza, cocinaron para todos y sirvieron las mesas.

Estuvimos de fiesta, fiesta grande (como decía aquella canción). Y es que Grande es el Señor, que se quedó con nosotros. Y su Espíritu, que siempre nos visita cuando lo invocamos con fe.

Susana Melero

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