El grupo del contenedor S.S.C.C. una de las tareas que realiza es la de llevar a cabo cada miércoles un mercadito en los distintos centros escolares de nuestra ciudad, San Fernando. Es realizado por varios voluntarios, el padre Adolfo y la hermana Mercedes. Gracias a ellos se pueden recoger fondos para proyectos y ayuda al envío de contenedores a Mozambique, Congo y Filipinas.
Los voluntarios preparan el mercadito, mientras el padre Adolfo, junto a la hermana Mercedes, proyectan un montaje a los alumnos, acompañado de una charla, en el que se muestra cómo serían sus vidas si hubieran nacido en Mozambique u otro lugar del tercer mundo. Se les pregunta qué han sentido, qué les parece y se entabla un diálogo con ellos. Muchas veces sorprende lo que profundizan, las cosas tan bonitas que llegan a decir, además de sensibilizarse de las condiciones tan precarias en las que viven tantas personas, en especial tantos niños en muchos lugares de nuestro planeta.
“No hay mal que por bien no venga”. Este refrán, sabio, como todos los refranes, porque es la sabiduría del pueblo, que los crea, significa que lo malo que sucede, también trae cosas buenas, o que se compensa con cosas buenas. Transmite una visión optimista de la realidad, pues indica que una contrariedad puede tener resultados favorables.
Y este es el caso de esta Semana Santa cofradiera, pasada por agua, que ha dejado sin procesionar a muchos “pasos”, preparados con tanto esmero. Ha habido mucha desilusión, muchas lágrimas, mucho desencanto, y alguna rebelión interior contra las circunstancias.
Pero, por el contrario, nos ha proporcionado la alegría y la tranquilidad de ver cómo los pantanos, al límite de extinción, han crecido, y nos han asegurado esa agua que empezaba a faltar, y la amenaza de fuertes restricciones, con sus nefastas consecuencias.
Por eso, como dice, nuevamente la sabiduría popular: “cuando una puerta se cierra, una ventana se abre”.
Es una pena, que tantas ilusiones puestas en la Semana Santa procesional, se hayan visto abortadas por la lluvia. Es lamentable, que tantas personas hayan lamentado y llorado.
Pero demos gracias a Dios porque hemos encontrado la tranquilidad de poder ver el futuro con esperanza, en esa agua que nos ha llegado, cuando más se empezaba a echar de menos. Aunque, también es verdad, que hubiéramos deseado, que cayese una semana antes o una después. Pero como dice otro refrán: “El hombre propone, y Dios dispone”. Y para no meter a Dios en todos los fregados, se me ocurre pensar, que la “naturaleza”, a quien tanto ofendemos, se ha tomado la revancha.
Así escribía Pablo de Tarso: “Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra esperanza”. (1 Corintios. 15, 14-17)
Igualmente podemos decir, que, si Cristo realmente no ha resucitado, la Iglesia no tiene nada que anunciar. No tiene una Buena Noticia que anunciar al mundo. Nuestra fe no tiene sentido. Sólo la resurrección de Jesús fundamenta y da sentido a nuestra fe cristiana.
Los primeros cristianos, y antes los apóstoles, vivieron la experiencia de la resurrección de Jesús. Su convicción era ésta: Cristo está vivo, ha resucitado. Esta convicción es la que lanzó a los discípulos por el mundo entero, anunciando la Buena Noticia. Y nosotros, los creyentes, vivimos de esta afirmación de Pablo, a los Romanos: “Si hemos muerto con Cristo, también resucitaremos con Él”.
Uno de los aciertos musicales de Kiko Argüello, es la canción que canta el triunfo de la Resurrección: ¡Resucitó! ¡Aleluya! ¿Dónde está la muerte, dónde está mi muerte, dónde su victoria?
La resurrección del Señor hace que la muerte se convierta en Vida. Y si es vida, la muerte pierde su aguijón. Ya la muerte no es el fin de la vida, sino el comienzo de la otra Vida. La muerte ya no es una puerta que se cierra, sino una puerta que se abre, y la vida se llena de esperanza. Algunas veces me pregunto: ¿Tenemos los cristianos miedo a la muerte? ¿Es coherente ese miedo? Algunos santos la han deseado para encontrarse cuanto antes con el Dios-Padre. Teresa de Jesús decía: ”Muero, porque no muero”. Y San Francisco de Asís, en su canto de las criaturas, dice: “Alabado sea, mi Señor, por la “Hermana Muerte”.
Alguno ha dicho que la muerte es como una “mudanza”. Coges tus bártulos, y te mudas de morada. Pero no te llevas todo. Sólo aquello que tiene valor para la otra Vida. Sólo lo bueno que hayamos hecho. Los demás “muebles” no sirven para la nueva morada.
Desde que nacemos vamos muriendo poco a poco, porque tenemos fecha de caducidad. Pero también vamos resucitando, poco a poco, porque no estamos amenazados de muerte, sino de resurrección. Y la garantía de nuestra resurrección no es otra, que la Resurrección del Señor. Dice el Apóstol en la Carta a los Romanos (6, 8): “Si hemos muerto con Cristo, también resucitaremos con él”.
Hoy es Viernes Santo, el día en que Jesús muere en la cruz. Por eso nuestra celebración es diferente. No celebramos la Eucaristía, pero conmemoramos su Pasión.
Escuchamos las lecturas, que nos introducen en el misterio de lo que hoy recordamos, la Pasión, que nos ayuda a acompañar a Jesús en sus últimos momentos antes de morir. Después, adoramos su cruz porque de ella nace nuestra salvación. Finalmente comulgamos, para que el Cuerpo de Cristo nos alimente y poder acompañarlo en este camino de la cruz.
Toda la celebración de hoy es de contemplación, de silencio y oración, acompañando a Jesús.
A las tres de la tarde, a la hora nona, muere Jesús, clavado a martillazos en el duro y tosco madero. Con la sien traspasada por espinas, el costado supurando sangre y agua, y la garganta reseca por la sed. Ya no hay palabras; solo un último estertor, al tiempo que un murmullo, apenas perceptible, susurra quedamente que “todo está cumplido”. Jesús ha muerto. El que da la vida a todos, queda sin vida. Lo ha entregado todo; hasta la última gota de su sangre. No ha habido medida, ni regateos en su entrega. “Todo se ha cumplido”. Su confianza en el Padre, sigue intacta, a pesar del: “Padre, ¿por qué me has abandonado?” Sus últimas palabras, ya entrecortadas porque se le va la vida, serán de confianza total al Padre que nunca le ha abandonado, a pesar de las apariencias:” en tus manos encomiendo mi espíritu”. Sólo entonces dirá el centurión:” Verdaderamente, este era Hijo de Dios”.
Dice el evangelista que “el velo del templo se rasgó en dos”. El mismo templo, símbolo de la Antigua Alianza”, sería destruido pocos años después, hasta hoy día. Han comenzado los nuevos tiempos; el templo de Su Cuerpo ha sido destruido, para dar paso al Resucitado. Él mismo lo había ya vaticinado: “Destruid este templo, y en tres días lo reedificaré”.
Pero todavía queda mucho templo de la antigua ley; todavía queda mucha Iglesia estancada en el pasado, mucha Iglesia que no acaba de desprenderse de la legalidad, mucha Iglesia donde se sigue pensando que el hombre está hecho para el sábado y no al contrario, mucha Iglesia que pretende prevalecer sobre el Reino, mucha Iglesia que sigue en el sepulcro, aunque esté vacío.
Y todavía sigue existiendo mucho dolor, mucho desprecio, mucha pasividad, que no ha comprendido aquello de “Bienaventurados los pobres, los que sufren, los no violentos, los que tienen hambre y sed de justicia” …
No ha terminado el Viernes Santo para tantos hijos de Dios, a quienes se les niega o se les demora la resurrección; que siguen siendo los malditos de la cruz.
El Viernes Santo se ha detenido en los países del África pobre, de los pueblos asiáticos no desarrollados, de los países de la América atrasada, sin cultura y sin pan.
Termino esta reflexión con los versos de un hombre que buscó a Cristo toda su vida en este mundo, y que, seguramente, lo encontró en el cielo, Miguel de Unamuno:
“Tú que callas, ¡oh Cristo!, para oírnos, / oye de nuestros pechos los sollozos;/acoge nuestras quejas, / los gemidos de este valle de lágrimas”.
Venimos de celebrar LA CENA en la que Jesús nos ha dado su PAN, se nos ha dado a sí mismo. Desde un corazón admirado, agradecido y lleno de amor recibido, miramos el PAN símbolo del Misterio en el que se nos invita a entrar con Jesús. Deseamos ponernos en su corazón, sentir su Gesto que nos supera y acompañarlo mientras le pedimos que nos haga pan junto a Él.
PALABRA DE DIOS Mientras comían, Jesús tomó pan y lo bendijo. Luego lo partió y se lo dio a ellos, diciéndoles: —Tomad; esto es mi cuerpo. Marcos 14:22 (NVI) Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa y por el evangelio la salvará. Marcos 8:35 (NVI) Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Juan 15:13 (NVI) En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros. Así también nosotros debemos entregar la vida por nuestros hermanos. 1 Juan 3:16 NVI
PAN PARA SACIAR EL HAMBRE DE TODOS. ( Diferentes lectores, despacio)
Amasado despacio, cocido en el horno de la verdad hiriente, del amor auténtico, del gesto delicado.
Pan partido, multiplicado al romperse, llegando a más manos, a más bocas, a más pueblos, a más historias.
Pan bueno, vida para quien yace en las cunetas, y para quien dormita ahíto de otros manjares, si acaso tu aroma despierta en él la nostalgia de lo cierto.
Pan cercano, en la casa que acoge a quien quiera compartir un relato, un proyecto, una promesa.
Pan vivo, cuerpo de Dios, alianza inmortal, que no falte en todas las mesas. José María Rodríguez Olaizola, sj
EN SILENCIO (guía para la oración personal) Estando en Su Presencia como Pan en el que se entrega, dejo que sea Él quien me mire, como el pan que soy para los demás: ✓ A quién sacio, alimento, apoyo, consuelo… ✓ Con qué se está amasando mi vida en esta etapa, qué factores de lo cotidiano o de lo especial están configurando mi Seguimiento ✓ Cómo y por quién se parte y se reparte, qué hay de muerte solidaria y generosa ✓ En qué mi vida es esperanza, alegría, proyecto de Reino y Promesa desde Jesús ✓ ¿Mi alianza con Dios, ocupa mis prioridades? Jesús nos hace partícipes de su modo de entrega: GESTO nos vamos acercando a la MESA y cogemos un trozo del PAN. En este gesto queremos expresar que aceptamos desde nuestra pobreza, ser pan para los demás al modo de Jesús. Él ha querido contar contigo.
MI CUERPO ES COMIDA (durante el gesto)
Mis manos, esas manos y Tus manos hacemos este Gesto, compartida la mesa y el destino, como hermanos. Las vidas en Tu muerte y en Tu vida. Unidos en el pan los muchos granos, iremos aprendiendo a ser la unida Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos. Comiéndote sabremos ser comida. El vino de sus venas nos provoca. El pan que ellos no tienen nos convoca a ser Contigo el pan de cada día. Llamados por la luz de Tu memoria, marchamos hacia el Reino haciendo Historia fraterna y subversiva Eucaristía. Pedro Casaldáliga BENDICIÓN: AMANDO HASTA EL EXTREMO
Si quieres descargar la Adoración, en el siguiente enlace:
Bajo el lema propuesto por el Equipo de Liturgia “COMPRENDÉIS LO QUE HE HECHO”, y con el regalo de poder celebrar el día del Sacerdocio en la Eucaristía concelebrada por los tres sacerdotes de nuestra Parroquia, se nos ha invitado a contemplar dos actuaciones que marcan el inicio del Triduo Pascual: el Lavatorio de los pies y la Institución de la Eucaristía.
Desde el Equipo de Cáritas, pedimos ser capaces de profundizar en el lema, con el acompañamiento de la Comunidad Parroquial, para dar una mejor respuesta a las familias con las que trabajamos, reflejando de manera más evidente el Amor que Dios nos tiene.
El Jueves Santo, como lo recordaba el Papa, es el “día en que Jesús instituyó la Eucaristía y al mismo tiempo nuestro sacerdocio ministerial” (San Juan Pablo II, Carta del Santo Padre Juan Pablo II a los sacerdotes con ocasión del Jueves Santo 1986).
SACERDOTE DE JESUCRISTO
Vivir en medio del mundo sin ambicionar sus placeres,
ser miembro de cada familia sin pertenecer a ninguna;
compartir todos los secretos;
perdonar todas las ofensas;
ir del hombre a Dios y ofrecer a Él sus oraciones,
regresar de Dios al hombre para traer perdón y esperanza.