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UNA SEMANA, DISTINTA Y SANTA

Sí, “distinta” y “santa”. Distinta, porque no se parece a ninguna otra, ni en su contenido celebrativo, ni en su repercusión en una gran parte del mundo. Y Santa, porque el motivo de su celebración, son los acontecimientos de los últimos días de Jesús, el Santo de los santos. Y porque invita a la santidad a quienes la celebran con fe.

Pensemos en lo que nos aporta esta “Semana Santa”, que trae consigo, el recuerdo de los hechos más importantes para toda la humanidad, como son: el Jueves Santo, el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección.

El Jueves Santo, es un día lleno de sana alegría y de gran agradecimiento por varios acontecimientos, como el “lavatorio de los pies”, con todo su amplio significado; el Mandamiento del Amor, no menos importante; la Institución del sacerdocio ministerial; y la Eucaristía. Pero ya se empieza a adivinar, a través de algunas palabras de Jesús, y otras señales, la tragedia del viernes.

Ese viernes Santo, el más trágico de toda la historia humana, en que se da muerte al que nos da la vida; se desprecia a quien nos salva; se impone el odio y  la incomprensión; se lleva a cabo el mayor homicidio de la historia humana, desde sus comienzos.

Y el domingo de Resurrección, en que ya resucitado, el Jesús del sepulcro, abandona la piedra horadada, y confirma a sus hermanos, los apóstoles, después de haberse dado a conocer a las mujeres (detalle importante, para los tiempos de reivindicación de nuestros días).

No se puede vivir esta Semana, con frivolidad e indiferencia, porque es una “Semana, distinta y santa”.

Félix González ss.cc

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