ÚLTIMA SESIÓN DEL CURSO DE ANTROPOLOGÍA CRISTIANA Y ANIMADORES DE COMUNIDADES
EL CARÁCTER Y CONSIDERACIONES PEDAGÓGICAS
Con cambio de fecha y ubicación, el pasado sábado, hemos tenido la última sesión del curso de Antropología Cristiana y Animadores de Comunidades, que llevamos realizando desde principios de curso. Sesión muy adecuada para la segunda quincena de mayo, porque nos ha invitado a parar y reflexionar sobre cómo evaluar nuestro recorrido y proponernos propuestas de mejora.
El título puede parecer muy general: “El carácter y consideraciones pedagógicas”, pero realmente ha sido una sesión muy práctica que buscaba hacernos poner el foco en cómo conseguir ser mejores.
Ha sido un interesante ejercicio de introspección personal, porque, en la medida en que tengamos la sinceridad de entrar en nosotros mismos y ver nuestros avances y nuestras dificultades, seremos capaces de cambiar. Pero, cuidado: ser mejores, ¿en qué? Pues desde la óptica creyente: ¿Cómo puedo amar más y mejor?
¿Os sigue pareciendo demasiado abstracto? Jesús nos dijo: “Amad como yo os he amado”. No como yo quiero amar y a quien yo quiero amar: amar como Dios nos ama. Pero para eso necesitamos apoyarnos en los pilares básicos que hemos ido desgranando durante este curso: Oración, Acción, Comunidad y Liturgia
El primer paso para comprobar si vamos avanzando es pararnos a analizarnos a nosotros mismos, de ahí que Silvio nos haya hablado del carácter. Nuestro carácter se ha ido forjando con un montón de elementos: las circunstancias y realidades que rodearon nuestro propio proceso de gestación, así como el núcleo familiar donde nacimos, y la historia y realidad de nuestros padres; el desenvolvimiento que vamos a ir teniendo dentro de ese núcleo así como circunstancias tales como el número de hermanos, las profesiones de nuestros padres, sus propios traumas infantiles…, y también esas características que parecen más genéticas, que nos hacen ser diferentes y con nuestra propia personalidad.
Es importante que aprendamos a conocernos a nosotros mismos para ver cómo todos estos factores pueden dificultarnos el aprender a amar cada día un poquito más.
A veces nos da miedo abrir rincones de nuestra mente o de nuestros recuerdos porque intuimos que no nos va a gustar, pero reconocer nuestra historia y aceptarnos y querernos como somos, es el primer paso para poder avanzar y salir al encuentro de los otros. Mal vamos a cuidar a los demás si no sabemos cuidarnos a nosotros mismos.
Alguien puede preguntarse, ¿pero, que necesidad hay de revisar, de mirar atrás…? El día a día, la vida nos desgasta, poco a poco, sin darnos cuenta: un trabajo que no nos gusta, una amistad que nos falla, una enfermedad no esperada, un problema con los hijos…, se convierten en piedrecitas que vamos cargando a la espalda, y que, si no revisamos de vez en cuando esa mochila, pueden hacer que no podamos seguir caminando debido al peso que vamos arrastrando.
Amar cada día más y mejor nos exige cuidar nuestra espiritualidad, revisarnos, descubrir si lo que hago es realmente con vocación de servicio o lo hago por otras causas (por salir de mi casa, donde no quiero enfrentarme a los problemas, o para buscar un grupo donde sentirme valorado y querido…,)
¿Por qué, a veces seguimos manteniendo amistades, que en realidad no nos hacen bien? Porque nos dejamos llevar por la rutina, por la inercia, porque nos asusta cambiar…, porque no estamos acostumbrados a analizar y a actuar en consecuencia.
Del libro de Stephen Cobey, “Los siete hábitos de la gente altamente efectiva”, llama al séptimo hábito, “Afilar la sierra”. Pone el ejemplo de un leñador que se desgasta intentando cortar un tronco, pero le resulta imposible; cuando alguien le recomienda que afile la sierra el leñador le responde que no tiene tiempo para eso, y sigue intentando inútilmente cortar un tronco con una sierra que no está afilada.
Aunque el leñador nos parezca tonto vamos a fijarnos en esas actividades y acciones que realizamos diariamente en nuestra vida, que no nos salen bien, pero sobre las que seguimos actuando de la misma forma: ¿no deberíamos pararnos y reflexionar para cambiar la estrategia?
Ahora, que es tiempo de evaluaciones, revisiones de vida, valoraciones…, tomémonos cada cual un tiempo para ver si estamos actuando correctamente, si de verdad estamos amando con gratuidad y estamos donde realmente Dios nos quiere.
¿Y cómo se hace esto?
A través del discernimiento, que va de la mano de la oración personal y para el que nos puede ayudar mucho nuestra comunidad, y también del dejarnos acompañar, si consideramos que solos nos cuesta trabajo analizarnos con objetividad.
Todo esto podemos aplicarlo no sólo a nuestras vidas, sino a las comunidades en las que vivimos nuestra fe, o en las que somos animadores, pero también en los otros ámbitos de nuestra vida: trabajo, familia, amistades…
La jornada de ayer ha sido también un grato momento de convivencia tanto en la parada del desayuno como en el almuerzo compartido, momentos que nos han dado la oportunidad de charlar, compartir, reírnos y hacer comunidad más allá de la parroquia con nuestros hermanos y hermanas sevillanos que también nos han acompañado.
Gloria Nieves Outón Pérez
