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CONTEMPLACIÓN Y ACCIÓN

 UNA MIRADA SOBRE LA SOLEMNIDAD DE LA ASCENCIÓN

Sigamos celebrando la Pascua de Jesucristo nuestro Señor en la alegría y el gozo de sabernos salvados. Los dos últimos domingos nos dieron la oportunidad de meditar sobre el capítulo 15 del evangelio según san Juan: el discurso de despedida del Señor donde Él nos llama a amar y a permanecer en Él. Las enseñanzas de estos domingos pasados encuentran su sentido en este domingo de la Ascensión porque el Señor deja de ser visible en su cuerpo antes sus discípulos y amigos. En efecto, la ausencia del Señor produce un sentimiento de inseguridad, incertidumbre y de miedo: si los discípulos no pudieron entender el sentido y el alcance de las escrituras estando con Jesús, ¿Cuánto más encontraran dificultad para saber mejor la voluntad de Dios?

La primera lectura del comienzo de los hechos de los apóstoles, entre líneas, nos deja ver cómo Jesús da fuerza a sus discípulos prometiéndoles el Espíritu Santo para vencer las incertidumbres de su ausencia. A continuación de esta lectura y de la promesa de Jesús, los discípulos asisten a la Ascensión del Señor quedándose en una contemplación de esta prueba de la grandeza de Dios.

Contemplar no es mirar, tampoco observar, sino es fijarse sobre algo o alguien, con intensidad y admiración, entendiendo el sentido de lo visible y de lo perceptible. Tenemos que contemplar al Señor, contemplar sobre todo su amor en la persona de Jesús, de la Iglesia, de mi comunidad y en mis hermanos y hermanas.

Sin embargo, una contemplación no nos paraliza sino una buena contemplación es la fuente de las acciones. Por eso, los dos hombres que aparecieron, dijeron a los discípulos: “Galileos, que hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo”. Es como para invitar los discípulos a despertarse de una contemplación estéril.

Mirar a Jesús nos pone en camino, tener los ojos hacia el cielo nos invita a mirar alrededor de nosotros. La vida cristiana es a la vez una vida contemplativa y activa. Recordamos que la regla de San Benedicto “Ora et Labora” ayudó mucho al desarrollo de Europa.

Cristianos, tenemos que contemplar el amor del Señor para luego comprometernos a trabajar para un mundo mejor, amando siempre, y siempre más a los hombres de nuestro tiempo y de las generaciones futuras. 

En el evangelio de san Marcos 16, 15-20, Jesús precisa de una acción primordial que es la Evangelización. Hoy en día el mundo necesita el Evangelio del amor, pero como decía el papa Benedictus XVI en su encíclico Deus Caritas est: “Quien quiere dar el amor debe también recibirlo como un don”. Así la recepción del Amor y la conciencia de que Dios nos ama, es en la contemplación y luego viene la acción, como manera de compartir el amor que recibimos cada día del Señor.

KABOMBO BANZA GEOFFREY BENJAMIN, SSCC.

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