COMENTARIO A LAS LECTURAS DEL DOMINGO XVIII TIEMPO ORDINARIO POR GEOFFREY BENJAMÍN KABOMBO BANZA, SSCC.
De nuevo, nuestro hermano Benjamín SS.CC nos deja su reflexión a las lecturas de este domingo
ENTRE LO PERMANENTE Y LO CIRCUNSTANCIAL: JESÚS NUESTRO PAN PERMANENTE DEL CAMINO
Las lecturas de este domingo, sobre todo del evangelio, tienen un vínculo estrecho con las lecturas del domingo pasado. Podemos decir que estos días la Iglesia nos da una catequesis sobre la Eucaristía (el pan).
La primera lectura del libro del Éxodo nos pone en el contexto de la marcha al desierto. Una marcha con un destino conocido sin embargo, difícil con muchos obstáculos. A responder a la preocupación de los hijos de Israel, el Señor dio el pan del cielo. Y los hijos de Israel comían de este pan durante todo el camino hasta entrar en la tierra prometida. “Desde el día siguiente a la pascua empezaron a comer de los frutos de la tierra, panes ácimos y trigo tostado. Entonces, dejó de caer el maná, y los israelitas ya no volvieron a tener maná; aquel año se alimentaron de los frutos de la tierra de Canaán” (Josué 5, 11-12). El pan durante la marcha en el desierto no fue un pan permanente, sino de circunstancia a lo largo de un camino de prueba.
En este mismo sentido, entendemos también la multiplicación de los panes y pescados del domingo pasado: “Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente dice a Felipe: ¿Con qué compraremos panes para que coman estos?” (Juan 6, 5). Fue también un pan de circunstancia.
Así, hoy en el Evangelio, la gente busca a Jesús para comer otra vez: “Me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros” (Juan 6, 26). De este modo los judíos buscan a Jesús en el objetivo de encontrar el pan circunstancial, de momento y superficial para alimentar el cuerpo.
Delante de esta búsqueda Jesús al contario habla, no del circunstancial, sino del permanente: “Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna”.
Estando en este mundo, estamos como los hijos de Israel: caminando hacia un destino: el nuestro no es Canaán sino la felicidad celestial: la casa del Padre del cielo. En este caminar, hay que organizarse, superar los obstáculos, cuidar del planeta (nuestra casa común), desarrollar diferente técnica, disfrutar de la familia y de los amigos, trabajar para hacer de este mundo un lugar de paz y de alegría, comer y beber con placer. Estas realidades nos acompañan en este mundo, pero son como el pan del desierto: no son permanente. Un filósofo de la antigüedad, Héraclite d’Ephèse decía: “todo fluye todo pasa y nada queda” (la ley del Panta rhei).
Así, lo que puede acompañarnos de manera permanente es Jesús porque Él es permanente; Él supera el tiempo y el espacio: Él es el pan vivo: nuestra Eucaristía. Jesús nos acompaña todos los días, cada momento, cada hora Él está con nosotros.
Consciente de esta realidad, debemos cuidar de este pan: un pan tan sencillo, humilde y frágil pero vivo, fuerte, grande que conduce a la otra vida: la vida eterna. Este cuidado pasa por el primer mandamiento de la Iglesia: Oír misa completa en domingo y fechas de guardar y por el compromiso de ser lo que recibimos en cada misa: el Cuerpo de Cristo en este mundo que necesita más lo permanente que lo circunstancial.
Geoffrey Benjamín KABOMBO BANZA SSCC.
LECTURAS Y SALMO: 4 de agosto del 2024
Ex 16, 2-4.12-15: “Yo haré llover pan del cielo”
Sal 77, 3-4.23-25.54: “El Señor les dio un trigo del cielo”
Ef 4, 17.20-24: “Esto les digo: no vivan ya como los paganos”
Jn 6, 24-35: “El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará sed”

