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CARTA DE AGRADECIMIENTO, DEL CREADOR DE NUESTRA WEB LUIS CAMACHO, A LA PARROQUIA DEL BUEN PASTOR

Queridos hermanos y hermanas del Buen Pastor, Paz y Bien.

Hace ya dos años tuve la alegría de colaborar en la creación de la web de vuestra Parroquia. Lo hice como suelo hacer las cosas que nacen del corazón: simplemente porque sentía que debía hacerlo. Este proyecto no fue uno más.

Sé bien que en Cádiz —en “Cai”, todo tiene gracia, pero también hondura. Esa gracia vuestra no es sólo sentido del humor, sino reflejo de la Gracia con mayúscula, la que viene del Padre que está en el cielo. Nada ocurre por casualidad; que unos conocidos me presentaran al Padre Silvio fue, sin duda, una de esas “cositas” que dejan huella.

He dejado reposar estas palabras durante un mes, para que se atemperaran las emociones y sólo quedara lo esencial: el agradecimiento.

El pasado domingo (hace un mes) fui invitado a participar en la Eucaristía de las doces. Sospechaba una pequeña “encerrona”, y sólo me faltaba descubrir el momento exacto en que la sangre me iba a producir más presión por las venas. Y llegó. La Parroquia habló por boca de su Párroco, quien presidió la celebración con afecto y sencillez.

Tuvisteis a bien imponerme la cruz del Buen Pastor. Quienes me conocen saben que nunca llevo colgantes, ni pulseras, y muy pocas ocasiones reloj. Pero entendí que esa costumbre debía terminar. Desde aquel día —y hoy, 28 de octubre— sigo llevando conmigo “La” del Buen Pastor. Cada poco tiempo, cuando mi falta de costumbre siente “algo” en el pecho, recuerdo el motivo y sonrío.

No soy una persona especialmente extrovertida, pero tampoco me escondo. Y, sin embargo, estos gestos, me hacen sentir lo más valioso de quienes tratamos de dejarnos admirar por el Pobre de Asís: la minoridad, esa humildad que nos coloca en el sitio justo del corazón.

Tras el “Podéis ir en paz” —al que, como si fuera tiempo de Pascua, añadí en mi interior un silencioso “aleluya, aleluya”— llegó, efectivamente, la PAZ: la de ver rostros que creía desconocidos pronunciar mi nombre con cariño. Y eso, hermanos y hermanas, sí que me gusta, porque pocas veces se tiene la dicha de sentirse verdaderamente en familia, de experimentar tan de cerca la fraternidad . (“Y el Señor me dio hermanos” – y hermanas-)

Gracias por hacerme sentir. Gracias por dejar que, de algún modo, os lleve conmigo, colgados del cuello, en forma de cruz, pero sobre todo en el corazón.

Hermanos y hermanas de www.buenpastorsanfernando.com, que el Señor os bendiga y os guarde siempre.

Luis Camacho

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