COMENTARIO A LAS LECTURAS DEL DOMINGO POR GEOFFREY BENJAMÍN KABOMBO BANZA, SSCC.
XIX DMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. AÑO LITÚRGICO 2023 – 2024 – (CICLO B)
De nuevo, nuestro hermano Benjamín, nos deja su reflexión a las lecturas de este domingo
Seguimos en este domingo con la meditación sobre la Eucaristía (el pan: Juan capítulo 6). El evangelio de este domingo, igual que la primera lectura del domingo pasado, empieza con el verbo murmurar: “En aquel tiempo los judíos murmuraban de Él; en aquellos días, la comunidad de los hijos de Israel murmuró”
Murmurar es hablar entre dientes, manifestando queja o disgusto por algo. Si el domingo pasado murmuraban sobre la falta del pan en el desierto, este domingo el murmullo es sobre la presencia de un pan permanente que da la vida. Mientras Jesús se presenta como el remedio y la solución del hambre de los hombres, los judíos murmuraban porque conocían a Jesús, Él no puede ser el pan que baja del cielo: “¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre?” (Juan 6, 42).
Si los judíos murmuraban es, entre otro, por el hecho de poner la atención al Jesús de la historia (El que tiene un padre, una madre y un cuerpo) escondiendo el Jesús de la fe (quien es Dios y salvador). Por esta razón, Jesús contesta hablando de la llamada del Padre a lo que se acerca a Él. “Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mi” (Juan 6). Eso es la clave para ver realmente en Jesús el pan de vida: escuchar y aprender del Padre.
Hoy en día, frente a la Eucaristía, hay muchos «murmullos» viniendo del mundo, y a veces de los cristianos, con respecto a la presencia real de Jesús en este trocito de pan que vemos en la misa. Lo que vemos en cada misa es un pan de trigo redondo, eso es obvio. Pero en su substancia, hay en la Eucaristía a Jesús mismo que nos da la vida: “El que coma de este pan vivirán para siempre”.
Para poder ver en la hostia la presencia real y eficaz de Jesús, necesitamos escuchar y aprender del Padre. Escuchar que la Eucaristía es para nuestra alma lo que el pan es para nuestro cuerpo, que la Eucaristía es el Sacramento de la vida y que la Eucaristía es el milagro y la expresión perfecta del amor. Hay que aprender a ser Sacramento, difundiendo en el mundo el don del amor que recibimos estando en contacto con el Cuerpo del Señor.
Alejándonos de cualquier murmullo, poniéndonos a los pies del Señor, como María de Betania, escuchando y aprendiendo daremos frutos, como le dice Pablo en la segunda lectura: “Sed buenos, comprensivos, perdonándonos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor” (Efesios 4, 30-5,2).
Comulgamos tantas veces y somos desde de entonces una fuente de vida, porque recibimos la vida: de hecho, somos misioneros de la Eucaristía y Sacramentos para dar la vida en nuestro entorno.
Geoffrey Benjamín KABOMBO BANZA, SSCC.

