LA NUEVA PRIMAVERA
Nueva reflexión de nuestro querido padre Félix
Hace unos días nos llegó la primavera, lluviosa ciertamente, desapacible sin duda. Pero llena de esperanza de frutos venideros, que cuajarán en el verano. Hemos salido del invierno frío, entumecido y oscuro. Decir “primavera”, es pensar en la vida que renace; en prados multicolores; en despertar de hojas y brotes verdes en los árboles, que hibernaban; en el resurgir de la naturaleza que desborda vida por los cuatro puntos cardinales. Me recuerda los versos de Jaime Torres Bodet:
“Traía nidos en las manos,
y le temblaba el corazón.”
Pero no quiero hablar de esta estación, tan deseada por todos (aunque sea la estación de las alergias). Su recuerdo me trasporta el pensamiento a otra primavera en ciernes, que nos ha dado algún vestigio, que ha apuntado sus primeros brotes verdes, pero que nos hace soñar. Y soñar no está prohibido, porque “toda la vida es sueño”, como diría el poeta.
Me refiero a esa “primavera de la Iglesia” que todos esperamos, y que parece haberse iniciado con la llegada de un hombre: Francisco. Este nombre que significa:” hombre libre”, es un augurio de cambio beneficioso. Del árbol aparentemente seco de la Iglesia, pueden brotar los retoños que nos lleven a esa primavera iniciada en el Concilio Vaticano II, y frenada por el invierno del posconcilio.
Por ahora, lo he dicho, sólo son “brotes verdes”, gestos de sencillez, de humildad, de normalidad. Pero los gestos, si son sinceros (y en este caso no parece haber dudas), suelen ser fruto de una manera de ser, de sentir, de vivir. Suelen ser la semilla que cayó en tierra buena.
Pero la primavera no es flor de un día, necesita tiempo, meses, para que se vaya preparando un buen tempero, que garantice el fruto. Así lo espero (lo esperamos muchos) de Francisco, el hombre que vino de América, y que nos trajo una nueva esperanza, la expectación de una nueva primavera.
Se levantarán tormentas, habrá rocíos mañaneros, pero el sol de la esperanza enviará sus rayos bienhechores, que, alternando con la suave llovizna de alguna nube extraviada, irán haciendo posible el humus necesario para la cosecha. La Iglesia vive en la esperanza.
¡Sigue adelante, Francisco, que la causa vale la pena! Hay muchos ojos puestos en ti, y mucha tarea que hacer.
Félix González SS.CC.

