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5º ENCUENTRO DEL CURSO DE ANIMADORES DE COMUNIDADES CRISTIANAS Y ANTROPOLOGÍA CRISTIANA ADULTA: LA ACCIÓN

Continuando con nuestro curso de ANIMADORES DE COMUNIDADES CRISTIANAS Y ANTROPOLOGÍA CRISTIANA ADULTA, hoy Silvio, nuestro párroco y ponente, nos ha ayudado a reflexionar sobre el siguiente tema: LA ACCIÓN.

Curiosamente, antes de “pasar a la acción”, nos hemos detenido en un paso previo: EL SER.

SER significa descubrir el amor de Dios en nuestra vida; Dios nos quiere tal como somos, con nuestros defectos y errores, y en cada momento y etapa de nuestra vida. Necesitamos ponernos en su presencia, ser conscientes de cuánto nos ama personal e individualmente para poder salir de nosotros hacia fuera, y entonces, sí, podremos dedicarnos a dar testimonio de este amor, intentando amar como nos sentimos amados por Él.

Al hablar de la acción nos ha invitado a reflexionar sobre el tema del voluntariado, porque el ayudar a los demás en organizaciones no gubernamentales, movimientos, asociaciones, no tiene por qué implicar que tengamos fe, ni que estemos dando testimonio de Dios. A veces nos hacemos voluntarios para satisfacer egos personales o carencias afectivas, pero no porque queramos llevar el amor de Dios a los que nos rodean. Se puede participar en muy buenos voluntariados sin ser creyente, pero, nosotros, cristianos, necesitamos hacer presente y visible a Dios en nuestra acción diaria, que cuando nos vean vivir, ayudemos a la gente a descubrir a Dios.

Como creyentes nuestra vida no puede limitarse a ser una acumulación de experiencias gratificantes, en las que yo hago sólo lo que me hace sentir bien; tenemos que dar un paso más, porque nuestra acción va encaminada al servicio y a la donación a los demás, como Cristo nos enseñó e hizo Él mismo dando su vida por nosotros.

A destacar tres herramientas utilizadas para iluminar estas reflexiones: el corto “Cuerdas”, la canción de Chambao “Detalles” y un vídeo en el que los ganadores de los Grammy de este año, cuando daban las gracias por el premio, eran rotundos y claros en nombrar primero a Dios en esos agradecimientos. La pregunta es ¿por qué a los católicos nos cuesta tanto dar testimonio de nuestra fe?, ¿a qué tenemos miedo?

En la segunda parte hemos reflexionado sobre las características específicas cristianas de la intervención social y pastoral.

Respecto a la intervención social hemos visto cómo podemos acompañar a las personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad y desestructuración personal, que es ofreciéndoles presencia, tiempo, cuidado y delicadeza. Con esto, y dentro de ese proceso de acompañamiento, podemos conseguir que las personas se motiven, se empoderen, empiecen a construir sus propias bases y se vinculen con los cambios que necesitan hacer en sus vidas.

Como creyentes tenemos un claro mensaje que debe calar en la gente: nuestra fe es una Buena notica que debemos saber comunicar a todos:  Dios nos ama y, con la Resurrección de Jesús, nos demuestra que el mal y la muerte serán vencidos.

En cuanto a la evangelización, que es nuestra gran misión como creyentes, hemos visto los seis pasos que se deberían dar en nuestras parroquias para poder anunciar el Evangelio a las personas: desde el anuncio de la buena noticia (“el kerigma”), a la acogida, pasando por el catecumenado (proceso de formación), discipulado (opción por el seguimiento: comunidad), discernimiento vocacional (a qué me llama Dios en este momento de mi vida) y misión (anuncio a otros del mensaje evangélico); y desde aquí, volver a empezar.

Importante reto el que los católicos tenemos por delante en nuestras parroquias: convertirlas en comunidad de comunidades, donde todos trabajemos para hacer vida en el día a día el inmenso regalo del amor que Dios nos tiene.

Gloria Nieves Outón Pérez

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