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ANTE LA EXCLUSIÓN, TRABAJO DECENTE

Hoy, primer domingo tras el 7 de octubre, hemos celebrado la Eucaristía con motivo de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, junto a la asamblea habitual de la parroquia del Buen Pastor, nos hemos reunidos distintos grupos de Iglesia de nuestra Diócesis que impulsan esta iniciativa: Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), Juventud Obrera Cristiana (JOC), CONFER, Comisión Diocesana de Justicia y Paz, Delegación Diocesana de Migraciones y Cáritas Diocesana.

Bajo el lema «Ante la exclusión, trabajo decente», la Iglesia vuelve a alzar su voz frente a una realidad que no podemos normalizar: miles de personas trabajan y, sin embargo, no consiguen vivir dignamente.

La crisis de la vivienda se ha convertido en uno de los rostros más visibles de esta exclusión. Tener empleo ya no garantiza acceder a una vivienda digna. La precariedad laboral y los salarios insuficientes impiden a muchas familias cubrir sus necesidades básicas y a numerosos jóvenes independizarse y construir un proyecto de futuro.

Desde nuestro compromiso cristiano, no podemos permanecer indiferentes ante una sociedad donde trabajar ya no garantiza salir de la pobreza. La dignidad humana debe estar siempre por encima del beneficio económico y de la especulación.

El trabajo nos hace fecundos en la construcción de una sociedad más justa y fraterna, conforme al plan de Dios para con la humanidad. Por eso, el trabajo, debe ser fuente de dignidad, esperanza y vida, nunca un camino que perpetúe la pobreza y la exclusión. Porque, como nos recuerda Jesús en el Evangelio: «El obrero merece su salario» (Lc 10,7).

Mila Fernández Bey

Justicia y Paz

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